El C3 Aircross a prueba en britoprensaracing.es

La tercera generación del modelo francés del segmento B se distingue por una apariencia desenfadada, pensada para conductores atraídos por su diseño diferente y sus posibilidades de personalización. Esta versión está movida por el motor PureTech de gasolina de 110 CV con cambio automático y pone el énfasis en una conducción sencilla, en el confort de marcha y en el bajo consumo.

Su estética recuerda bastante a su hermano mayor, el C4 Cactus, con elementos como los particulares airbumps situados en los laterales.

El C3 Aircross a prueba en britoprensaracing.es

C3 Aircross – a prueba – britoprensaracing.es

En el frontal, hay que tener en cuenta la su posición elevada y bastante plana del capó así como las ópticas divididas, mientras que la trasera del coche destaca por unos faros redondeados con motivos concéntricos que consiguen un característico efecto tridimensional. En general, se trata de un vehículo de apariencia muy compacta gracias, en parte, a sus cortos voladizos. En lo que respecta a proporciones, el nuevo C3 es 5 cm más largo (3,99 metros) y 2 cm más ancho (1,75 m) que antes mientras que ha visto disminuir su altura en 5 cm (1,47 m).

Esta unidad cuenta opcionalmente con la combinación de pintura bitono (410 euros) que le da un toque más juvenil y que es solo una de las múltiples posibilidades de personalización exterior que permite el vehículo. No hay que pasar por alto las vistosas llantas bicolor de aluminio de 17 pulgadas (250 euros), también opcionales.

El C3 Aircross a prueba en britoprensaracing.es

Interior luminoso y funcional

El amplio equipamiento de serie de este acabado Shine integra sistemas como la alerta de cambio involuntario de carril o la cámara de visión trasera.

El C3 cuenta con un puesto de conducción espacioso, cómodo y ergonómico, si bien la sujeción del torso por parte del asiento es algo mejorable. La columna central se muestra muy limpia, casi minimalista, pues la presencia de botones es muy reducida. Y es que la gestión de la mayor parte de los sistemas se realiza desde la pantalla táctil de siete pulgadas del sistema multimedia con navegador (opcional, por 550 euros). 

En este sentido, hay que comentar que dicha pantalla queda demasiado baja, lo que obliga a desviar demasiado la vista de la carretera cuando seguimos la navegación. La sensación de calidad que transmite el interior del vehículo es bastante buena. Por su parte, la segunda fila de asientos permite a dos adultos viajar de forma razonablemente confortable gracias a un correcto espacio para las piernas (el aumento de longitud y de distancia entre ejes del modelo le beneficia en este aspecto) y a una buena altura al techo. Como suele ser habitual en el segmento, la plaza central es más incómoda por cuestiones de anchura y de firmeza del respaldo.

A la hora de alojar el equipaje, hay que tener en cuenta que dispone de un maletero de 300 litros, una capacidad bastante buena si lo comparamos con su competencia. Eso sí, el plano de carga queda algo elevado, lo que perjudica la operación de introducir objetos pesados. El amplio equipamiento de serie de este acabado Shine, el superior de la gama, integra airbags frontales, laterales y de cabeza, alerta de cambio involuntario de carril, ayuda de arranque en pendiente, ayuda de aparcamiento trasero, cámara de visión trasera y control de estabilidad.

También dispone de faros antiniebla, iluminación diurna de tipo LED, regulador y limitador de velocidad, climatizador, sensor de lluvia, volante de cuero, Bluetooth, conexión USB y sistema de conectividad Mirror Screen. Además de los elementos extras ya comentados, hay que sumar el sistema de acceso y arranque sin llave (300 euros), también incluido en esta unidad.

Comenzando por el motor, hay que señalar que se trata de un tricilíndrico turboalimentado de 1.2 litros cuyo par motor máximo es de 205 Nm a 1.500 rpm. En general, responde bien, aunque es cierto que no le vendría mal algo más de ímpetu a bajas revoluciones. En cualquier caso, a medida que lo vamos subiendo de vueltas saca lo mejor de sí mismo, mueve el vehículo con soltura y estira su fuerza incluso por encima de las 6.000 rpm.

Esta alternativa mecánica es la única que puede asociarse a una caja de cambios automática.

El cambio automático, que se sumó a la gama unos meses después del lanzamiento del renovado modelo, no se caracteriza especialmente por su rapidez de funcionamiento. Tampoco deja demasiada libertad al conductor cuando se escoge el modo manual, pues es el cambio quien acaba decidiendo cuándo subir o bajar marcha.

El motor cumple con las expectativas en el ámbito prestacional, pues acelera de 0 a 100 km/h en 9,8 segundos y puede alcanzar una velocidad máxima de 188 km/h. En términos de eficiencia, cabe resaltar que esta combinación mecánica registra unas emisiones de 110 g/km de CO2 mientras que su consumo medio homologado es de 4,9 litros cada 100 km. La cifra obtenida una vez finalizada la prueba fue algo superior, de 6,1 litros, que suponen igualmente una media más que satisfactoria tras combinar ciudad, autopista y carretera de montaña.

De cara a valorar su conducta dinámica, en ciudad es donde mejor se comporta, ya que se trata de su entorno natural. Sus contenidas proporciones y la efectiva asistencia de la dirección hacen que sea muy maniobrable, por lo que es ideal para moverse entre las pequeñas calles de cualquier urbe así como, por ejemplo, por sus carreteras de circunvalación. Citroën ha priorizado sobre todo el confort de marcha, por lo que la suspensión absorbe muy bien las irregularidades del firme, algo que se agradece al circular por zonas bacheadas.

Pero no se trata ni mucho menos de un vehículo pensado sólo para ciudad. Cuando llega la hora de rodar por autopista, el nuevo C3 se muestra confortable y bastante aplomado, lo que amplía considerablemente sus posibilidades como coche para realizar escapadas. Y es que por este tipo de vías transmite una buena calidad general de rodadura.   

Por otro lado, al conducir por carreteras de curvas a buen ritmo se aprecian ciertas oscilaciones de la carrocería. Ello demuestra que la marca francesa ha centrado sus esfuerzos en el comportamiento por ciudad y autopista por delante de la conducta del coche en zonas reviradas. En cualquier caso, los resultados siempre que rodemos a ritmos normales serán más que satisfactorios.

Esta tercera generación del C3 destaca por una estética más urbana, desenfadada y personalizable, todo ello fruto de la inspiración en buena medida en su hermano C4 Cactus. Dispone además de un interior cómodo, razonablemente espacioso y dotado de un alto nivel de conectividad. Al destacable confort de marcha que proporciona en ciudad y autopista hay que sumar el buen grado de eficiencia de un motor con el que el vehículo se desenvuelve muy bien. El cambio automático es algo lento pero será suficiente para la mayoría de conductores siempre que no ansíen practicar una conducción deportiva que, por otra parte, tampoco es el objetivo que busca este modelo.

Author: Redaccion

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